El Mercado Laboral y La Cultura Del Trabajo En China
El Impacto De La Superpoblación: Una Perspectiva Comparativa
¿Cómo transforma la superpoblación a un país? Aunque China y Estados Unidos poseen superficies territoriales similares aproximadamente 3,6 y 3,5 millones de millas cuadradas, respectivamente, las densidades demográficas de estas dos superpotencias globales difieren de manera sustancial. Con una población de 1.400 millones de habitantes, China supera en más de cuatro veces a los 337 millones de Estados Unidos. Esta disparidad contribuye a la divergencia de las culturas laborales y de los mercados de trabajo en ambos países. Por ejemplo, los jóvenes chinos enfrentan mayores dificultades para incorporarse al mercado laboral en comparación con sus pares estadounidenses. Ambos casos ilustran con claridad cómo la densidad poblacional puede transformar las condiciones de trabajo.
La Difícil Situación De Los Jóvenes Profesionales En China
La diferencia de densidad demográfica entre ambos países incide, al menos en parte, en la configuración de entornos laborales radicalmente distintos. En comparación con Estados Unidos, el número de graduados universitarios que buscan empleo en China es extraordinariamente elevado. Desde finales de la década de 1990, cuando China amplió el acceso a la educación superior para contrarrestar la crisis financiera asiática, cerca de 12 millones de graduados universitarios chinos se incorporan cada año al mercado laboral, cifra que continúa aumentando. Sin embargo, no existen suficientes puestos para absorber a estos millones de solicitantes. La tasa general de desempleo en China, del 5,3 %, supera la de Estados Unidos, situada en el 4,1 %.
Los graduados universitarios chinos encuentran mayores obstáculos para conseguir empleo que sus homólogos estadounidenses. En 2020, el 25,2 % de las personas con educación universitaria de entre 16 y 24 años se encontraban desempleadas en China, mientras que en Estados Unidos la cifra era del 5,5 %. El gobierno chino no publica datos de desempleo de jóvenes graduados desde 2020, al considerar que reflejarían niveles potencialmente desalentadores. En junio de 2023, la tasa de desempleo juvenil (16–24 años) alcanzó el 21,3 %; posteriormente, el gobierno adoptó un nuevo método de medición que excluye a los estudiantes, reduciendo artificialmente la cifra. Aun así, incluso excluyendo a los estudiantes, la tasa de desempleo juvenil en China ascendió al 18,8 % en agosto de 2024, frente al 9,2 % registrado en Estados Unidos en septiembre de 2024.
Estas cifras se explican por problemas estructurales que dificultan la inserción laboral de los jóvenes chinos. Los empleadores sostienen que muchos solicitantes carecen de las competencias necesarias, al proceder de universidades privadas conocidas como minban daxue que exigen puntuaciones más bajas en el gaokao (examen nacional de acceso a la universidad) y cobran matrículas significativamente más altas que las universidades públicas. Estas instituciones proliferaron a medida que el gobierno impulsó de forma sostenida la educación superior durante las últimas décadas. Entre 1998 y 2019, el número de universidades públicas pasó de 500 a 2.500, mientras que las privadas aumentaron de apenas unas pocas a alrededor de 500. No obstante, incrementar el número de graduados no ha fortalecido la economía; por el contrario, ha introducido en el mercado a personas con habilidades más limitadas. Paralelamente, mientras creció el número de titulados en humanidades, aumentó la demanda de competencias técnicas, lo que contribuyó a elevar el desempleo entre universitarios. El crecimiento cuantitativo y el deterioro cualitativo de la educación superior en China han provocado altas tasas de desempleo entre graduados que no poseen las habilidades requeridas por los empleadores. Estas cifras también se ven afectadas por la incertidumbre económica, que disuade a las empresas de contratar, y por la crisis del sector inmobiliario, que ha forzado cierres empresariales y reducido las oportunidades para los jóvenes. En 2023, se ejecutaron embargos sobre 800.000 propiedades en China, pertenecientes mayoritariamente a empresas y no a hogares.
El Excedente De Mano De Obra y La Proliferación De Culturas Laborales Tóxicas
La escasez de oportunidades laborales alimenta culturas de trabajo extremadamente exigentes, como la denominada “cultura 996”, en la que se espera o se exige trabajar de 9:00 a 21:00, seis días a la semana, para demostrar compromiso. Muchos empleados renuncian al equilibrio entre vida personal y trabajo por temor a ser reemplazados por alguien dispuesto a aceptar esas condiciones. En empresas como Kuaishou y ByteDance, el régimen 996 es obligatorio. Este sistema implacable ha provocado incluso muertes por agotamiento. En febrero de 2022, los hashtags relacionados con el fallecimiento de un joven de 25 años que sufrió una hemorragia cerebral tras realizar horas extras excesivas en Bilibili alcanzaron cientos de millones de visualizaciones en Weibo, desatando un amplio debate en línea sobre la cultura 996.
Dado que en el mundo empresarial chino las relaciones personales y las “conexiones” (guanxi) son cruciales, los trabajadores suelen participar en banquetes y encuentros sociales fuera del horario laboral para ganar visibilidad y tejer redes, lo que añade cargas personales y financieras a jornadas ya extenuantes. En las comidas de negocios es común el consumo forzado de alcohol (jiu zhuo wen hua), utilizado como mediador para generar confianza y facilitar intereses comerciales, como obtener acceso a altos cargos o acelerar trámites administrativos. Los efectos negativos de esta práctica —en particular la misoginia y los abusos sexuales revelan otra dimensión tóxica de la cultura laboral china.
Trabajo Precario Entre Los Desempleados
Quienes no logran empleo formal suelen recurrir a trabajos mal remunerados, como el reparto a domicilio, donde los conductores trabajan diez horas diarias para ganar alrededor de 1.000 dólares mensuales. Operan bajo presión constante, obligados a infringir normas de tránsito y a arriesgar su seguridad para cumplir plazos, mientras las plataformas reducen sus ingresos ante cualquier evaluación negativa. Otros optan por conducir taxis o vender comida y artesanías como vendedores ambulantes. Estas ocupaciones son mucho más comunes en China que en Estados Unidos: mientras que en 2022 EE. UU. contaba con 288.753 taxistas registrados, en China había 6,6 millones de conductores registrados en plataformas en línea. De forma similar, en 2023 EE. UU. tenía 85.467 vendedores ambulantes, frente a unos 30 millones en China, muchos de ellos jóvenes desempleados que buscan subsistir. En un país denso y altamente competitivo, los trabajadores chinos o bien soportan jornadas interminables en empresas o intentan crear sus propias oportunidades.
Estos problemas estructurales asociados a la densidad poblacional se han agravado tras la desaceleración económica posterior a la COVID-19. Con la ralentización de la producción industrial, el consumo interno y la demanda de vivienda, muchas empresas carecen de recursos para contratar, aun cuando sobreexplotan a su personal. Cada año, millones de graduados ingresan al mercado laboral sin que existan suficientes empleos de cuello blanco, lo que empuja a muchos al desempleo o a trabajos manuales pesados, como la carpintería o la albañilería.
La Cultura Laboral China Desde Una Perspectiva Comparativa: Estados Unidos
A diferencia de la escasez de empleo en China, Estados Unidos enfrenta una falta de mano de obra. La cultura laboral estadounidense difiere notablemente en ciertos sectores. El fenómeno de la “renuncia silenciosa” empleados que cumplen de forma mínima hasta quedar, en la práctica, desvinculados ha reducido la productividad. La escasez nacional de trabajadores dificulta combatir este fenómeno, en marcado contraste con la cultura china, excesivamente exigente y competitiva.
Desde la pandemia, muchos estadounidenses buscan exclusivamente empleos con opción de trabajo remoto; el 49 % de los desempleados afirma aceptar solo puestos a distancia. En 2021, tres millones de adultos optaron por la jubilación anticipada apoyándose en ayudas estatales, mientras otros regresaron a la educación, profundizando la escasez de trabajadores. Aunque existen similitudes entre ambos países, las distintas densidades poblacionales generan mercados laborales y culturas de trabajo profundamente diferentes. En China, la superpoblación intensifica la “masificación” de la educación y la entrada de jóvenes insuficientemente cualificados al mercado. Este excedente ofrece a los graduados tres vías indeseables: el desempleo, el trabajo precario no cualificado o la inmersión en la cultura 996 de cuello blanco. Este dilema tiene consecuencias graves, como suicidios y la emigración de jóvenes chinos en busca de oportunidades en el extranjero.
Sharon Cheng es escritora especializada en economía y relaciones entre Estados Unidos y China, y colaboradora de Harvard International Review.