El Mayor Error De Europa En Una Generación
La combinación de una población envejecida, unos daños climáticos cada vez mayores y una remilitarización a gran escala amenaza con generar un riesgo sin precedentes para el bienestar futuro de los europeos: una serie de amenazas interrelacionadas que se refuerzan mutuamente.
El 27 de agosto de 2026, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, señaló durante un discurso pronunciado en París que cerca de 10 billones de euros (11,6 billones de dólares) permanecían inmovilizados en depósitos bancarios de los hogares de toda la Unión Europea. Lamentó que una parte considerable del ahorro europeo fluyera hacia el extranjero en lugar de destinarse a respaldar a las empresas nacionales.
Lo que no se dijo, sin embargo, es que esas inversiones en el exterior han permitido a Europa participar en el crecimiento de mercados emergentes de una magnitud que hace tiempo dejó de observarse en el Viejo Continente. Sin esas inversiones y los ingresos procedentes del extranjero, Europa se habría enfrentado a un estancamiento mucho más profundo tras la crisis de 2008, durante la crisis de deuda de comienzos de la década de 2010 y en medio de la depresión económica provocada por la pandemia en la década de 2020.
Dejando a un lado estas incómodas realidades, la controvertida propuesta de von der Leyen pretende integrar los fragmentados mercados de capitales de la UE bajo una nueva y unificada Unión de Ahorros e Inversiones (UAI), con el objetivo de movilizar hasta 470.000 millones de euros adicionales (546.000 millones de dólares) en inversiones.
El objetivo declarado consiste en canalizar esos ahorros hacia empresas europeas, impulsar el crecimiento de los negocios nacionales y reforzar la competitividad económica del bloque. Desde esta perspectiva, el rearme y la defensa no serían los principales beneficiarios de esta iniciativa.
Pero es aquí donde las cosas comienzan a volverse algo más difusas.
Rearmar Europa, desestabilizar a los europeos
En su discurso de agosto, la presidenta de la Comisión Europea no precisó ni asignó cifras concretas sobre qué proporción de esos 470.000 millones de euros se destinaría a defensa o rearme. Más aún, esta enorme suma no es completamente independiente ni adicional al objetivo de 800.000 millones de euros (929.000 millones de dólares) previsto para defensa. Ambas cifras se solapan parcialmente.
Apenas unos días después de su intervención en París, el 2 de septiembre, von der Leyen presentó las líneas maestras del plan «Rearmar Europa», destinado a movilizar 800.000 millones de euros para «defensa y preparación». Uno de los pilares fundamentales del plan consiste —¡sorpresa, sorpresa!— precisamente en movilizar capital privado a través de la Unión de Ahorros e Inversiones (UAI).
Aunque se prevé que gran parte de los 470.000 millones de euros contribuya a financiar el conjunto de la economía —digitalización, energía e infraestructuras—, una proporción muy considerable de esos recursos está siendo canalizada hacia sectores estratégicos y empresas de defensa con el fin de contribuir al objetivo más amplio de 800.000 millones de euros.
Este giro a gran escala hacia la competitividad militar y empresarial genera unos costes de oportunidad extraordinariamente elevados tanto para el capital público como para el privado. Cada euro destinado a modernizar tecnologías militares y ampliar la producción de armamento es un euro que deja de invertirse en acelerar la transición ecológica, lo que contribuye a mantener una brecha de financiación pública superior a los 100.000 millones de euros anuales para alcanzar los objetivos climáticos.
Los críticos sostienen que canalizar los depósitos bancarios considerados «inactivos» hacia inversiones orientadas al mercado mediante mecanismos de titulización equivale, en la práctica, a trasladar el riesgo financiero a los ciudadanos de a pie. Si estas inversiones empresariales o militares fracasan o generan rendimientos inferiores a los esperados, el coste de oportunidad podría recaer sobre la seguridad financiera de los ahorros de los hogares.
Nos encontramos ante una pendiente resbaladiza.
Cómo se benefician las grandes finanzas y la gran industria de defensa
En el marco de la amplia iniciativa «Rearmar Europa», cuyo objetivo es movilizar 800.000 millones de euros de aquí a 2030, los analistas del sector de la defensa estiman que el complejo militar-industrial podría absorber, durante los próximos cuatro años, entre el 30 % y el 45 % de la liquidez de capital que pasaría a estar disponible a través de la Unión de Ahorros e Inversiones (UAI). Esta absorción estaría impulsada, en gran medida, por los programas militares «emblemáticos» de alcance europeo recientemente autorizados por la UE, entre ellos el Escudo Aéreo Europeo, la Vigilancia del Flanco Oriental y diversas iniciativas conjuntas en materia de drones.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y BBVA Research, los multiplicadores del gasto en defensa a corto plazo se sitúan aproximadamente entre 1,4 y 1,6. Esto significa que, siempre que el dinero permanezca en Europa, cada euro canalizado hacia el sector militar podría generar, a corto plazo, un crecimiento interno moderado.
Sin embargo, existen varias reservas importantes.
En primer lugar, a la luz de los precedentes históricos, la estimación del multiplicador podría resultar excesivamente optimista.
En segundo lugar, la contratación pública de defensa de la UE funciona como una poderosa palanca industrial. En teoría, un incremento del 1 % del PIB en el gasto destinado a defensa podría provocar un aumento correspondiente del 2 % en las importaciones totales entre los Estados miembros, extendiendo así la actividad económica, pero alimentando al mismo tiempo enormes cargas de deuda. Y todo apunta a que este extraordinario apalancamiento terminará golpeando con enorme fuerza a los ciudadanos europeos precisamente en un momento histórico en el que menos capacidad tienen para soportar sus costes.
En tercer lugar, los multiplicadores del gasto en defensa no son multiplicadores keynesianos. Los primeros benefician fundamentalmente al complejo militar-industrial, mientras que los segundos favorecen un consumo de base amplia, las infraestructuras de acceso universal y las transferencias directas destinadas a reforzar la red de protección social.
Es probable que los principales beneficiarios del marco de «Rearmar Europa» sean los grandes contratistas de defensa y la industria pesada, los sectores altamente especializados vinculados a los medios de guerra contemporáneos drones, ciberseguridad y municiones y, de manera particular, los accionistas corporativos. Estos beneficios difícilmente se extenderán de manera equivalente al conjunto de una economía de mercado diversificada, al grueso de la fuerza laboral o a las numerosas pequeñas y medianas empresas (pymes), que suelen desempeñar un papel fundamental en la creación de empleo.
Conflictos de intereses y riesgos morales
La agresiva iniciativa de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en favor de la militarización de la UE ha sido objeto de un escrutinio recurrente debido a su trayectoria política, las controversias institucionales del pasado y las persistentes disputas en torno a la transparencia en materia de defensa.
Antes de asumir la presidencia de la Comisión, von der Leyen ejerció como ministra de Defensa de Alemania entre 2013 y 2019. Su mandato quedó ensombrecido por una importante investigación parlamentaria sobre irregularidades en la contratación pública, incluida la gestión de contratos militares en el marco del denominado «escándalo de los consultores» (Berateraffäre).
Finalmente, reconoció la existencia de errores administrativos, aunque rechazó cualquier responsabilidad personal o acusación de nepotismo. La investigación terminó encontrándose en un punto muerto después de que se reveló que todos los mensajes de texto y datos almacenados en sus teléfonos oficiales del ministerio habían sido eliminados por completo antes de que los investigadores pudieran examinarlos.
Lamentablemente, este estilo de gestión de von der Leyen parece haberse trasladado también a su etapa al frente de la Comisión Europea, como reflejan controversias como el denominado «Pfizergate», relacionado con la negociación de contratos por valor de miles de millones de euros mediante comunicaciones privadas.
En una denuncia presentada por un destacado miembro alemán del Parlamento Europeo se sostiene que von der Leyen habría ocultado información crucial, correos electrónicos y registros de llamadas relacionados con un «diálogo estratégico» y varias cenas celebradas a puerta cerrada con directivos de empresas fabricantes de armamento tras las elecciones europeas de 2024.
Entre las élites políticas europeas existen fuertes críticas tanto hacia los objetivos estratégicos de von der Leyen como hacia su estilo de gestión. Cabe preguntarse entonces: pese a las controversias asociadas a ambos aspectos, ¿qué poderosos intereses políticos están contribuyendo, en la práctica, a sostenerlos?
Las reformas bancarias y financieras propuestas sitúan a la Comisión Europea en una posición de estrecha convergencia con los intereses de la gran banca corporativa, al tiempo que crean nuevos canales financieros e incentivos para las grandes firmas de inversión. De manera similar, los planes de defensa prometen a los principales contratistas militares europeos Rheinmetall, Leonardo y Thales— extraordinarios beneficios a largo plazo por valor de miles de millones de euros, consolidando así la alianza de von der Leyen con el complejo militar-industrial del continente.
El efecto neto es la convergencia de al menos media docena de fuerzas adversas.
Los vientos adversos que se avecinan
Europa está entrando en un cuello de botella demográfico que debilita de manera estructural la base fiscal necesaria para sostener sus tradicionales Estados del bienestar. De aquí a 2030, la tasa de dependencia de las personas mayores en la Unión Europea aumentará con rapidez, hasta el punto de que habrá menos de tres adultos en edad de trabajar por cada jubilado.
Este choque en la tasa de dependencia provocará una profunda contracción del Estado del bienestar. El cambio demográfico elevará automáticamente el gasto público destinado a pensiones y atención sanitaria en todo el bloque entre un 1,5 % y un 2,5 % del PIB, según las estimaciones.
La reducción de la fuerza laboral nacional ralentiza el crecimiento orgánico del PIB y consolida el estancamiento de la productividad. Al mismo tiempo, la inflación estructural y los elevados niveles de deuda soberana erosionan, en términos reales, las partidas presupuestarias destinadas al bienestar social.
Los europeos, sobre quienes recae el peso de esta erosión del Estado del bienestar, se enfrentan así a una doble penalización: no solo al aplazamiento de la edad de jubilación, sino también a una menor accesibilidad a los servicios públicos de salud y a la pérdida de valor real de las pensiones. Todo ello obligará a los ciudadanos a depender cada vez más de sus ahorros privados o, en su defecto, los expondrá al riesgo de una pobreza sistémica durante la vejez.
Para los jóvenes europeos de clase media, la situación resulta igualmente inquietante. En un contexto en el que ya se enfrentan a niveles históricos de desempleo y a la reducción existencial de los puestos de trabajo de nivel inicial provocada por la inteligencia artificial, estos planes eliminan pilares fundamentales de bienestar y seguridad. Como consecuencia, los jóvenes europeos de clase media se encuentran más cerca que nunca de caer en trampas de pobreza en esta Brave New Europe, esta nueva y paradójica «Europa feliz».
Si el capital privado movilizado a través de los 470.000 millones de euros de la Unión de Ahorros e Inversiones (UAI) se desvía de las tecnologías verdes, el coste futuro de la adaptación climática aumentará rápidamente. Tarde o temprano, los gobiernos se verán obligados a emitir enormes cantidades de deuda de emergencia para reparar los daños provocados por el cambio climático. Se configurará así un auténtico círculo vicioso de penalización fiscal.
A su vez, aplazar las inversiones en infraestructuras verdes para dar prioridad a una producción militar considerada urgente genera una trampa fiscal a largo plazo extremadamente destructiva, conocida como la penalización de la deuda por retraso climático. Cada euro desviado de la transición ecológica contribuye a incrementar la vulnerabilidad frente a fenómenos meteorológicos extremos —sequías severas, pérdidas agrícolas e inundaciones capaces de destruir infraestructuras y, con ello, sus futuros costes económicos y sociales.
Después de los fenómenos climáticos extremos que azotaron Europa durante el verano de 2026, nada de esto resulta especialmente tranquilizador.
El declive de Europa
Los economistas estiman que, si el cambio climático continúa avanzando sin medidas adecuadas para contenerlo, podría llegar a reducir hasta un 7 % el PIB de la Unión Europea de aquí a 2050.
Cuando los depósitos privados de los hogares se canalizan hacia deuda vinculada a la defensa y los presupuestos públicos se ven obligados a conciliar las necesidades de una fuerza laboral envejecida con las crecientes amenazas geopolíticas, el ciudadano europeo termina convirtiéndose en el amortiguador último de todos estos impactos.
De manera casi surrealista, mientras Europa se «rearma», la inseguridad humana en el continente parece avanzar hacia niveles cada vez más difíciles de soportar.
El resultado final es un panorama profundamente volátil, caracterizado por una austeridad permanente, ecosistemas degradados, un coste de vida cada vez más elevado y una red de protección social en constante contracción. Europa corre así el riesgo de transformarse: de ser un referente mundial del Estado del bienestar, podría convertirse en un Estado de seguridad defensivo, severamente restringido y cada vez más condicionado por la lógica de la seguridad.
La pregunta que plantean los críticos es tan sencilla como trascendental:
«¿Es este realmente el futuro que queremos para Europa?»
*Dan Steinbock es autor de The Fall of Israel. Es fundador de Difference Group y ha desempeñado funciones en el India, China and America Institute (Estados Unidos), el Shanghai Institute for International Studies (China) y el EU Center (Singapur).
Fuente:https://znetwork.org/znetarticle/europes-greatest-mistake-in-a-generation/