El Fin De La Victimización Política: La Liquidación De Las YPG En Siria

La cuestión kurda, el alevismo político y los derechos de las minorías son temas que, en la academia y en el sistema mediático occidentales, a menudo se presentan mediante discursos universales como la “libertad” y la “igualdad”, pero que en realidad se configuran a la sombra de la política. Por la propia naturaleza de las ciencias sociales, muchas cuestiones no se construyen únicamente en el plano académico, sino directamente en el terreno político. En el caso sirio, esta realidad se manifiesta de forma particularmente llamativa: durante 61 años, las décadas transcurridas bajo la dominación de élites alauíes que excluyeron y masacraron sistemáticamente a la población árabe suní bajo el régimen baasista no constituyeron un objeto serio de investigación en la academia internacional; por el contrario, fueron ignoradas. Sin embargo, cuando en diciembre de 2024 el régimen cayó en Siria y la revolución popular alcanzó el éxito, fue entonces cuando la academia y los medios de comunicación de matriz occidental se volcaron de repente en cuestiones como los “derechos de las minorías” y la “protección de la identidad kurda”.

Por ejemplo, las operaciones dirigidas contra grupos que protagonizaron levantamientos armados contra el ejército sirio en Suwayda fueron presentadas en los medios occidentales como “represión étnica contra la minoría drusa”; cuando, en realidad, la motivación de dichas operaciones no era la identidad étnica, sino directamente la insurrección armada. De manera similar, la cuestión kurda ha sido incorporada a este marco manipulador.

En el norte de Siria, toda intervención militar a la que se enfrenta la estructura PKK/YPG/SDG, que detenta el poder armado, es definida mediante etiquetas como “ataques contra los kurdos” o “liquidación de minorías”; de este modo, se identifica deliberadamente a una organización terrorista con el pueblo kurdo. En este punto, el papel de ciertos círculos que moldean los reflejos académicos y políticos de Occidente es considerable. Algunos entornos establecidos en países como el Reino Unido, Alemania, Noruega y Estados Unidos —que en gran medida reciben apoyo financiero de estas estructuras y mantienen vínculos directos o indirectos con organizaciones terroristas— se presentan como “académicos libertarios” o “defensores de los derechos de las minorías”, pero en realidad sostienen, bajo el barniz de la ciencia, una propaganda al servicio de los intereses occidentales. Las ramificaciones mediáticas y académicas del PKK en Europa, junto con sus redes financieras y de diáspora, contribuyen tanto a legitimar como a difundir a la organización.

Los datos procedentes del terreno en Siria, los informes de la ONU y numerosos documentos independientes de derechos humanos ponen de manifiesto de forma clara que la estructura PKK/SDG no representa al pueblo kurdo; que viola sistemáticamente los derechos humanos mediante el uso de niños soldados; que convierte los derechos de las mujeres en un escaparate ideológico; y que se financia a través de economías criminales como el narcotráfico y la trata de personas. A pesar de ello, en los círculos académicos, criticar al PKK/YPG suele ser estigmatizado como “antagonismo contra los kurdos”, lo que sofoca el cuestionamiento científico. Por ello, resulta fundamental romper estos patrones narrativos opresivos y analizar, mirando directamente al terreno, la descomposición militar y política vivida en Siria tras 2024; así como explicar por qué el proyecto presentado bajo el nombre de “revolución de Rojava”, construido en gran medida sobre una retórica de victimización, se derrumbó en los planos social, ideológico y estratégico.

Realidades Del Terreno y Colapso Militar

El área de control del PKK/YPG en Siria ha entrado, tras los acontecimientos posteriores a 2024, en un rápido proceso de contracción y colapso. Los golpes militares consecutivos han reducido de manera significativa los territorios en los que la organización podía aferrarse. Uno de los puntos de inflexión más llamativos fue la operación llevada a cabo por el ejército sirio en enero de 2026 en los barrios de Sheikh Maqsoud y Ashrafiyah, en el centro urbano de Alepo. La recuperación de estos barrios, que durante años habían estado bajo control de las fuerzas del YPG, no supuso únicamente una pérdida local para la organización, sino también el inicio de un colapso general. De hecho, tras verse obligada a retirarse de estas dos zonas críticas, la YPG/SDG perdió en poco tiempo aproximadamente el 40 % de los territorios que mantenía en el noreste de Siria.

Las señales del colapso militar ya habían empezado a manifestarse a lo largo de 2024. En la región oriental de Deir ez-Zor, las tribus árabes se alzaron en repetidas ocasiones contra el dominio del YPG/SDG, infligiendo duros golpes a la organización. A finales de 2023 y durante 2024, fuerzas tribales lograron, aunque de manera temporal, expulsar al YPG/SDG de más de 30 aldeas en las zonas rurales de Deir ez-Zor, Raqqa y Hasaka, así como en los alrededores del distrito de Manbij, en Alepo. Este hecho evidenció que el control por la fuerza de amplias zonas donde la población kurda es minoritaria resultaba insostenible a largo plazo. Aunque la mediación de Estados Unidos llevó posteriormente a las tribus a replegarse y participar en negociaciones, la realidad sobre el terreno demostró que el YPG no podría mantenerse de forma duradera en estas regiones.

Como resultado de esta presión militar, la SDG vinculada al PKK/PYD se vio obligada, a partir de 2025, a retirarse por completo de zonas estratégicas como Raqqa y Deir ez-Zor, desplazándose la línea de confrontación hasta los límites de la provincia de Hasaka, en el noreste de Siria. En la situación actual, la organización se encuentra de facto confinada a una parte de Hasaka y a los alrededores de Ayn al-Arab (Kobane), junto a la frontera con Türkiye. Al perder la mayor parte de los territorios que controlaba, la YPG/SDG también ha perdido las principales fuentes de energía, cuencas hídricas y tierras agrícolas de Siria. Al quedar privada del control sobre los yacimientos petrolíferos y las fértiles tierras agrícolas al este del Éufrates, la organización ha perdido tanto sus ingresos económicos como sus principales cartas estratégicas. Por ejemplo, el YPG/PKK, que obtenía beneficios comercializando ilegalmente el petróleo confiscado en los pozos de Deir ez-Zor, ha perdido en gran medida esta capacidad.

La pérdida de vigencia de la carta de la “lucha contra el ISIS”, que la organización había utilizado durante años, ha sido otro factor que ha acelerado el retroceso militar. El argumento de la “amenaza del ISIS”, empleado para asegurar apoyo internacional, ya no encuentra apenas eco. Tras 2024, al no emerger el ISIS como una fuerza significativa en Siria, desapareció también el pretexto internacional que legitimaba la presencia del YPG/SDG. Con la reducción del apoyo de la coalición liderada por Estados Unidos, el PKK/YPG quedó militarmente desprotegido y fue incapaz de resistir frente a sus rivales regionales. En síntesis, el periodo 2024–2025 marcó una fase en la que la estructura PKK/YPG/SDG se descompuso militarmente en Siria, perdió amplias zonas y el proyecto entró en un colapso físico.

Descomposición Ideológica y Moral

Los discursos ideológicos del PKK/YPG también han sufrido una grave pérdida de credibilidad paralelamente a la descomposición sobre el terreno. El relato de la supuesta “revolución de Rojava”, que la organización afirmaba haber construido en el norte de Siria, fue desde el principio una construcción ideológica carente de base histórica o social. Aunque se presentara bajo el nombre de “Fuerzas Democráticas Sirias” como si se tratara de una estructura formada por la participación voluntaria y equitativa de distintos grupos étnicos y religiosos, quedó claro que este discurso no tenía un correlato real. Durante años, el PYD/YPG no logró generar una voluntad política compartida ni establecer una legitimidad duradera en la mente de la población de las regiones que controlaba. El globo inflado de la “revolución”, sostenido por apoyos externos y alianzas temporales, se desinfló rápidamente al carecer de una base social auténtica.

La erosión ideológica y moral dentro de la organización también se reflejó en sus prácticas. Mientras el YPG/PKK se presentaba como un movimiento defensor de los derechos de las mujeres y de las libertades para ganar simpatía internacional, no dudó en reclutar por la fuerza a menores de edad. Esta realidad de los “niños soldados”, recogida también en informes de Naciones Unidas, puso de relieve la profunda brecha entre el discurso y la acción. De igual modo, existen numerosos ejemplos de abuso en relación con el uso de mujeres combatientes. La organización instrumentalizó el discurso de la “liberación de la mujer” como propaganda, atrayendo a muchas jóvenes con promesas de revolución e igualdad. Sin embargo, muchas de estas mujeres, exaltadas por los medios occidentales, murieron en combates o en acciones suicidas, convirtiéndose en herramientas consumibles para la organización.

La rígida ideología secular y marxista del PKK/PYD también generó una profunda incompatibilidad sociocultural en la región. En particular, comunidades kurdas y árabes conservadoras se sintieron incómodas con las prácticas antirreligiosas y contrarias a las tradiciones de la organización. Esta postura ideológica no representa, de hecho, a una gran parte de los kurdos de la región. No es casual que, en las zonas de las que la organización se retiró, una parte significativa de la población kurda acogiera la situación con satisfacción, demostrando así lo infundado del argumento de que “el YPG representa a los kurdos”. Por otra parte, los métodos ilegales empleados para financiarse minaron aún más su legitimidad moral. Se estima que la organización obtenía entre 1.500 y 2.000 millones de dólares anuales a través de la producción y el tráfico de drogas en Siria. Estas actividades, propias de un perfil de “narco-terrorismo”, son diametralmente opuestas a la supuesta ética revolucionaria que el PKK/YPG proclama. En definitiva, la estructura que se presentaba como “libertaria” sufrió una profunda descomposición ideológica y moral tanto por la explotación de sus propios recursos humanos como por su implicación en economías criminales.

Reacciones Sociales y Vínculos Externos

La descomposición en el escenario sirio se ha visto aún más acentuada por la reacción de la sociedad local y por el cambio de actitud de los actores internacionales. La población árabe bajo control del PKK/YPG llegó, tras años de opresión y discriminación, a un punto de abierta rebelión. El sistema instaurado por la organización al este del Éufrates sometió a las tribus árabes a una intensa presión social y económica. Prácticas como el reclutamiento forzoso, la incorporación de menores a las armas, la monopolización de los recursos locales y la negación de los valores religiosos provocaron una profunda indignación. De hecho, entre 2023 y 2024 estallaron levantamientos tribales en numerosas zonas, especialmente en Deir ez-Zor, que culminaron con la expulsión del SDG de ciertos lugares. Estos acontecimientos demostraron que el PKK/YPG no se sustentaba en una base social amplia y que no podía gobernar la región sin recurrir a la fuerza.

De igual modo, quedó en evidencia que la pretensión de “representar a los kurdos” carecía de realismo. Aunque el PYD/YPG reprimió durante años a otros grupos kurdos que no compartían su ideología, una parte importante de la sociedad kurda siria evitó apoyar su administración. El hecho de que, tras la retirada del YPG, una porción considerable de la población kurda acogiera positivamente la situación constituye una prueba clara de la limitada legitimidad de la organización entre los propios kurdos. En resumen, el PKK/PYD se encuentra aislado no solo frente a la mayoría árabe, sino también dentro de la comunidad kurda a la que afirma representar.

En el ámbito de las relaciones externas, las condiciones también se han vuelto adversas para la organización. El apoyo de actores como Estados Unidos, que brindaron respaldo indirecto al PKK/YPG, se debilitó notablemente tras 2024. Washington, que había visto en el SDG un aliado útil contra el ISIS, muestra ahora una clara tendencia a limitar su apoyo. Este cambio dejó a la dirección del YPG desconcertada y abandonó a la organización en el terreno. En realidad, es evidente que las relaciones que las potencias globales establecen con actores locales nunca se basan en una lealtad duradera. Para Estados Unidos, la cooperación con el YPG fue una asociación temporal contra el ISIS, destinada a terminar cuando cambiaran las condiciones. De manera similar, el apoyo tácito de Israel no fue suficiente para alterar la ecuación siria ni para impedir el colapso del proyecto del YPG. Frente al fortalecimiento del gobierno sirio y la postura decidida de Türkiye, el PKK/PYD quedó aislado también en el plano internacional.

Por último, las fuentes de financiación de la organización comenzaron a secarse. Las pérdidas territoriales redujeron de manera significativa los ingresos derivados de actividades ilegales como la producción de drogas y el contrabando de petróleo. Las operaciones transfronterizas de Türkiye asestaron duros golpes a estas redes de contrabando. Asimismo, el corte de ayudas externas y donaciones, junto con la presión sobre las redes financieras en Europa, restringió severamente los recursos materiales de la organización. En estas condiciones, el PKK/YPG dejó de ser financieramente sostenible.

Conclusión

En definitiva, en el punto actual la estructura PKK/PYD/YPG ha perdido en gran medida en los planos militar, ideológico y social en el escenario sirio. El proyecto que en su día se presentó como la “revolución de Rojava” no es hoy más que una ilusión desmoronada. Mientras las derrotas consecutivas en el terreno han reducido casi por completo las áreas de control de la organización, las divisiones ideológicas internas y las debilidades morales han quebrado su capacidad de resistencia. Nunca respaldada por el pueblo sirio, y privada del apoyo de potencias externas como Estados Unidos e Israel, la organización ha quedado fuera del juego en la ecuación siria. Todos los indicios vuelven a mostrar que la opción más razonable es que la organización se disuelva y opte por un proceso de integración con el ejército sirio. Este proceso, que implicaría que la KCK columna vertebral del entramado desmantele todas sus estructuras terroristas, podría favorecer no solo una Türkiye sin terrorismo, sino también una Siria, un Irak y un Irán sin terrorismo; en definitiva, el avance de un proyecto de región libre de terrorismo.