¿El Fin De La Cuba Comunista?

Hace unos días, el presidente Donald Trump declaró: “Ahora es el turno de Cuba”. Con ello, aludía a que, tras Venezuela e Irán, el siguiente objetivo sería la isla caribeña. Asimismo, en una reciente valoración afirmó:

“Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Es un gran honor. Tomar Cuba de alguna manera; es decir, ya sea liberarla o tomarla. Si quieres saber la verdad, pienso que puedo hacer con ella lo que desee.”

El gobierno cubano, instaurado tras la revolución de 1959 y de carácter comunista desde comienzos de la década de 1960, parece estar condenado a desaparecer en cuestión de meses, y todo indica que podría ser derrocado de algún modo antes de finalizar el año.

En el momento presente, esta hipótesis parece verosímil. La economía cubana se ha derrumbado y ninguno de sus antiguos aliados ha acudido en su auxilio. El gobierno ha perdido el respaldo popular. Al igual que en Venezuela e Irán, Trump parece dispuesto a recurrir al uso de la fuerza militar para alcanzar sus objetivos. En apariencia, no existe obstáculo alguno que pueda impedir que Trump ponga fin al gobierno comunista cubano.

¿Cómo han llegado ambos países a este punto muerto? ¿Qué será del pueblo cubano? ¿Qué puede hacerse para ayudarlo?

Y, en particular, ¿cuál ha sido y cuál es ahora el papel de la izquierda estadounidense?

Cuba: Una Colonia Estadounidense

A finales del siglo XIX, empresarios estadounidenses realizaron importantes inversiones en Cuba, especialmente en el sector azucarero, los servicios públicos y los ferrocarriles. Paralelamente, los cubanos iniciaron su lucha por la independencia del imperio español. Estados Unidos intervino en la guerra bajo el pretexto de ayudar al pueblo cubano; sin embargo, al término de la Guerra Hispano-Estadounidense, se apoderó de Filipinas y Puerto Rico como colonias. Mediante la Enmienda Platt, que otorgaba a Estados Unidos el derecho de intervenir militarmente en Cuba, la isla quedó, en la práctica, convertida en una colonia. En 1934, dicha enmienda fue derogada a cambio del control estadounidense sobre la base naval de Guantánamo.

A pesar de ello, el gobierno estadounidense continuó protegiendo los intereses y las inversiones de sus empresas en Cuba: servicios públicos, ferrocarriles, aproximadamente la mitad de la producción azucarera de la isla, así como hoteles, casinos y burdeles gestionados por la mafia que convirtieron a La Habana en un centro del turismo internacional. Fulgencio Batista desempeñó un papel central en la política cubana desde su llegada al poder mediante el golpe de Estado de 1933. Su régimen eliminó los derechos civiles y laborales, y reprimió violentamente la oposición, causando la muerte de cientos, quizá miles, de estudiantes y manifestantes.

En 1959, Fidel Castro y su ejército guerrillero llevaron a cabo una revolución que derrocó a Batista y, en pocos años, logró la independencia del control político y económico de Estados Unidos. Muchos estadounidenses, entre ellos quien escribe, admiraron a Castro y esperaban la instauración de un nuevo gobierno democrático en Cuba. Sin embargo, el breve período de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos no tardó en llegar a su fin.

Las tensiones entre Cuba y el gobierno estadounidense se intensificaron tras la aprobación, el 17 de mayo de 1959, de la ley de reforma agraria, que nacionalizó tierras pertenecientes en su mayoría a grandes empresas extranjeras, muchas de ellas estadounidenses. Ese mismo año, la administración de Dwight D. Eisenhower comenzó a considerar el derrocamiento del nuevo gobierno revolucionario cubano. Posteriormente, bajo la presidencia de John F. Kennedy, Estados Unidos llevó a cabo la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, con el objetivo de derrocar al gobierno cubano, aunque la operación fracasó estrepitosamente.

El 2 de diciembre de 1961, Castro consolidó su alineamiento con la Unión Soviética al declarar: “Soy marxista-leninista y lo seré hasta el fin de mi vida.”

La Consolidación Del Estado Comunista En Cuba

Hacia 1970, Cuba culminó su proceso de alineación política y estructural con la Unión Soviética y los estados del bloque comunista. La isla se transformó en un Estado unipartidista donde la economía desde las corporaciones de gran escala hasta las unidades agrícolas y comerciales más ínfimas fue completamente nacionalizada, quedando bajo la propiedad y el control absoluto del Partido Comunista en el poder.

En esta nueva Cuba, se suprimieron los comicios legítimos que permitieran la alternancia entre programas políticos divergentes. El binomio Estado-Partido asumió el control de los sindicatos oficiales, proscribiendo cualquier organización laboral competidora y eliminando el derecho a la huelga. De manera análoga, el aparato estatal extendió su dominio sobre todo el tejido social: organizaciones femeninas, colectivos estudiantiles y ligas deportivas. Las libertades civiles democráticas el derecho de asociación, reunión y protesta, así como la independencia de la prensa y los medios de radiodifusión fueron erradicadas. Bajo la égida de la KGB soviética, Cuba estructuró sus servicios de inteligencia y su policía secreta. A esto se sumó la pervivencia de una cultura machista que generó nuevas formas de represión; la homosexualidad, estigmatizada como una «desviación burguesa», fue ilegal hasta 1979, periodo en el cual los ciudadanos homosexuales sufrieron acoso, detenciones y trabajos forzados en campos de confinamiento.

Desde 1959 hasta la actualidad, diversos sectores de la izquierda internacional han sostenido su apoyo al modelo cubano, a pesar de las críticas internas de ciertos grupos. Sin embargo, ante las masivas protestas sociales de 1994, 2021 y la crisis actual iniciada en 2024 motivadas por la escasez de alimentos y la ausencia de cauces democráticos, el respaldo explícito de estos sectores hacia el pueblo cubano ha sido notablemente exiguo, prevaleciendo el silencio ante la capacidad represiva del Estado.

Hacia La Crisis Del Sistema Cubano

Cuba mantuvo una estabilidad relativa desde 1970 hasta los albores del siglo XXI. El embargo comercial estadounidense, iniciado en 1962 y endurecido por la Ley Helms-Burton en 1996, buscaba asfixiar al gobierno. En este contexto, el comercio y la asistencia técnica de la Unión Soviética se tornaron vitales: en la década de 1980, este intercambio representaba el 70% del comercio exterior y subsidiaba más del 20% del Producto Interno Bruto (PIB). Moscú proveía la práctica totalidad del petróleo, granos y maquinaria, mientras adquiría el azúcar cubano a precios artificialmente inflados. Simultáneamente, el gobierno cubano implementó sistemas de salud y educación de excelencia, inspirados en modelos escandinavos, logrando indicadores de mortalidad infantil y esperanza de vida comparables a los de Suecia.

La disolución del bloque soviético sumergió a Rusia en su propia crisis, provocando el cese de los subsidios. Fidel Castro denominó a esta etapa de contracción, iniciada en 1990, como el «Período Especial en Tiempos de Paz». Los indicadores económicos fueron devastadores: el PIB se contrajo un 35%, la producción agrícola un 47% y la manufactura un 90%.

Para garantizar la supervivencia del régimen, se adoptaron medidas de reforma económica sin alterar la estructura de mando vertical. Se realizaron recortes drásticos en el presupuesto nacional, aunque se intentó preservar la salud y la educación. No obstante, la incapacidad para importar bienes básicos derivó en una hambruna generalizada; el consumo calórico diario descendió en un 27%. El gobierno permitió mercados libres limitados y, ante la carencia de combustible, la tracción animal y las bicicletas chinas se convirtieron en el principal medio de transporte.

En esta etapa, Cuba comenzó a incentivar la inversión de capitales occidentales: Canadá en el níquel, Francia en el petróleo y España en el desarrollo de infraestructura hotelera para el turismo, sector que para finales de los 90 desplazó al azúcar como principal fuente de divisas. La crisis energética halló un paliativo en 1999 con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela. A partir del año 2000, Caracas inició el envío de aproximadamente 100,000 barriles diarios de crudo a cambio del despliegue de médicos, docentes y personal de seguridad cubanos en territorio venezolano. México también contribuyó con petróleo subsidiado, permitiendo el sostenimiento energético de la industria y los hogares.

En 2008, tras el deterioro de su salud, Fidel Castro se retiró de la vida pública, siendo sucedido por su hermano Raúl. Este traspaso garantizó la continuidad del liderazgo y la preservación del sistema político vigente.

Este es el análisis conclusivo sobre la situación geopolítica de Cuba bajo la administración Trump, la gestión de la crisis pandémica y el papel de la élite militar en la transición económica, vertido al español con un registro académico de alta precisión y una prosa analítica:

Trump, El Covıd-19 Y La Agonía Del Modelo Cubano

Durante el breve periodo de distensión propiciado por la administración de Barack Obama, el sector turístico cubano experimentó una expansión sin precedentes, alcanzando en 2017 ingresos en divisas de 2.300 millones de dólares. No obstante, la elección de Donald Trump marcó el retorno de las restricciones económicas, lo que precipitó una contracción en el flujo de visitantes estadounidenses y, por ende, una erosión de los ingresos soberanos de la isla.

En el ámbito sucesorio, Raúl Castro abandonó la presidencia en 2018 y se retiró de la primera secretaría del Partido Comunista en 2021, delegando ambas funciones en Miguel Díaz-Canel. Por primera vez en décadas, el apellido Castro no figuraba formalmente en la cúspide del mando. No obstante, el advenimiento de la pandemia de COVID-19 y el cierre de fronteras entre marzo y noviembre de 2021 desmantelaron el sector turístico, sumergiendo al país en una crisis sistémica caracterizada por el desabastecimiento alimentario, colapsos energéticos y un éxodo demográfico masivo: en el último cuatrienio, un millón de cubanos, de una población de once millones, han abandonado la isla.

Bajo la presión coercitiva de Trump, el suministro energético se ha tornado crítico. México, ante la amenaza de aranceles y la retórica de intervención militar contra los cárteles por parte de Washington, ha cesado sus envíos de crudo bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum. Simultáneamente, Venezuela, tras el ascenso de Delcy Rodríguez bajo la órbita de influencia estadounidense, ha interrumpido su apoyo vital. Sin combustible, el sistema electroenergético nacional ha colapsado, sumiendo a la nación en la oscuridad y paralizando la actividad productiva. La carencia de divisas ha derivado en una crisis humanitaria de fármacos y alimentos de una crudeza sin precedentes.

Gaesa: El Estado Dentro Del Estado

La opacidad en la evaluación de la economía cubana se debe, en gran medida, a la existencia del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), un holding empresarial de carácter militar que opera fuera de la transparencia pública. Análisis recientes, como los publicados por el Columbia Law Journal, revelan la magnitud de este conglomerado:

GAESA domina los sectores más estratégicos y rentables de la nación. A través de su filial Gaviota, controla el grueso del turismo; mediante CIMEX y TRD Caribe, monopoliza el comercio minorista ve mayorista; y a través de RAFIN S.A. y el Banco Financiero Internacional (BFI), detenta el control del sistema financiero. Su gestión se extiende a las remesas, la logística portuaria incluido el Puerto del Mariel, la construcción y el comercio exterior.

Se estima que el beneficio bruto de GAESA representa aproximadamente el 37% del PIB de Cuba, lo que significa que más de un tercio del valor añadido total del país se genera dentro de este holding militar. Esta estructura, dirigida por la alta oficialidad comunista, funciona como un ente autónomo que nunca ha rendido cuentas a la ciudadanía.

El Horizonte De La Transición

De persistir la crisis, el escenario de protestas sociales e inseguridad podría agravarse. Ante el colapso económico, la administración Trump y el Secretario de Estado Marco Rubio parecen apostar por una transición negociada en lugar de una conquista militar. La figura de Raúl Guillermo Rodríguez Castro (conocido como Raulito), nieto de Raúl Castro y con formación militar y financiera, emerge como un interlocutor clave en las conversaciones con Rubio. Su perfil, vinculado a la gestión de GAESA, podría facilitar la transición hacia un Estado capitalista alineado con los intereses de Washington.

Es probable que Cuba evolucione hacia un nuevo esquema de gobernanza que incluya a sectores de la actual dirigencia y a la diáspora de Miami. Dado que capitales extranjeros (españoles, canadienses y franceses) ya controlan áreas clave, el tránsito hacia un capitalismo de alto nivel se presenta como una vía factible, similar a la transición soviética donde la antigua nomenclatura asumió la propiedad de las empresas estatales.

Aunque la recuperación económica será lenta y dependiente de la asistencia externa, el futuro político estará marcado por el predominio de una administración conservadora y pro-mercado. No obstante, la historia sugiere que, en este nuevo espacio de libertades, podrían emerger movimientos democráticos socialistas y sindicatos independientes que luchen por el derecho de huelga y la negociación colectiva, redefiniendo el contrato social de la isla.

El Papel De La Izquierda En La Contemporaneidad

Ni el capitalismo estadounidense ni su administración gubernamental poseen la capacidad de ofrecer al pueblo cubano aquello que verdaderamente precisa. Un sistema que fundamenta su existencia en la explotación del trabajador dentro de sus propias fronteras difícilmente puede arrogarse el papel de emancipador de la clase obrera en Cuba. Del mismo modo, un gobierno marcado por sesgos raciales y políticas sociales regresivas carece de la legitimidad necesaria para propiciar el ascenso del pueblo cubano.

¿Cuál ha sido, entonces, el papel de la izquierda en los Estados Unidos? Históricamente, esta ha carecido de una comprensión certera sobre la cuestión cubana. Cautivados por el fervor de la Revolución y el innegable carisma de figuras como Fidel Castro y el Che Guevara, gran parte de los sectores progresistas abdicaron de su facultad crítica, convirtiéndose en sostenedores acríticos del Estado comunista. Durante más de seis décadas, la izquierda ha respaldado a un régimen donde el pueblo se halla desprovisto de derechos democráticos fundamentales y los trabajadores carecen de la potestad de sindicarse de forma autónoma.

Es imperativo que la izquierda inicie una nueva etapa de compromiso, centrada en el apoyo irrestricto al pueblo y a la clase trabajadora cubana ante cualquier orden emergente. Este nuevo paradigma debe comenzar por la oposición a la hegemonía estadounidense sobre la isla, defendiendo el derecho inalienable de Cuba a la autodeterminación. Simultáneamente, debe respaldar las demandas de seguridad económica, democracia, libertades civiles y derechos laborales de los ciudadanos cubanos. La izquierda ha de posicionarse al lado de una Cuba democrática y de aquellos que, en su seno, luchan por el ideal del socialismo democrático.

Fuente:https://fpif.org/the-end-of-communist-cuba/