El Choque Chino Llega A África
El shock chino ya ha llegado a África, y la relación económica de Estados Unidos con el continente de más rápido crecimiento del mundo se encuentra en riesgo.
El propio shock chino experimentado por Estados Unidos está ampliamente documentado. La entrada de Pekín en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 redujo las barreras comerciales. Esto desencadenó una oleada de exportaciones de productos manufacturados baratos que vació de contenido a numerosas ciudades industriales estadounidenses y llevó a sucesivas administraciones a imponer aranceles cada vez más elevados a los productos chinos.
Ahora, las réplicas de aquel shock se están propagando. La misma dinámica de dumping que sacudió el cinturón industrial del Medio Oeste estadounidense la exportación de productos chinos por debajo de sus costes de producción se está haciendo sentir en Europa, América Latina, el Sudeste Asiático y, sobre todo, África. La penetración de las importaciones procedentes de China está aumentando aquí más rápidamente que en cualquier otra región del mundo. En los principales mercados del continente Egipto, Kenia, Nigeria y Sudáfrica, los productos chinos están ganando cuota de mercado en sectores como el textil, el acero, los automóviles, la maquinaria y la electrónica, y sus efectos son ya evidentes. Mientras la participación de las importaciones chinas aumenta, la contribución de la manufactura al PIB se ha estancado por debajo del 13 % en gran parte del África subsahariana.
A diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos, donde los productos chinos provocaron shocks en el mercado laboral de determinadas regiones, las exportaciones chinas subvencionadas están asfixiando a la industria manufacturera africana cuando esta apenas comienza a desarrollarse. Las industrias locales están siendo privadas de la posibilidad de alcanzar la escala necesaria y de generar las oportunidades de empleo de clase media que necesita la población, y el momento no podría ser peor. Se prevé que, para 2040, la población africana en edad de trabajar supere a la población en edad laboral combinada de India y China. Encontrar oportunidades para esos trabajadores constituirá, en los próximos años, el principal desafío en materia de seguridad para África.
Entonces, ¿por qué África no se protegió? En parte, porque hay menos sectores que proteger: en África no existe un poderoso grupo de interés industrial que reclame medidas proteccionistas. Sin embargo, la principal limitación es la vulnerabilidad derivada de la deuda. Pekín es el mayor acreedor de África, y esta dependencia financiera restringe tanto el margen fiscal para subsidiar a las industrias nacionales como el espacio político para imponer aranceles. No es fácil imponer aranceles a un país que, al mismo tiempo, está reestructurando tus préstamos o financiando tus puertos y ferrocarriles. Además, dado que las economías africanas son relativamente pequeñas cuando se consideran individualmente, ningún jefe de Estado estará dispuesto a enfrentarse por sí solo a China ante el temor de sufrir represalias.
El Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) ofrece una vía para superar esta asimetría. Si los gobiernos africanos actúan como un bloque en lugar de hacerlo como 50 economías separadas, podrán armonizar los aranceles exteriores, coordinar entre países la protección de las industrias emergentes y crear un mercado regional lo suficientemente amplio como para hacer realmente sostenible la manufactura local. La escala y la unidad podrían proporcionar a África un margen de maniobra mucho mayor para hacer frente a Pekín tanto en materia de dependencia de la deuda como de dumping.
La avalancha de productos chinos hacia África constituye también un problema para Estados Unidos: si los productos chinos continúan inundando los mercados africanos, tanto los exportadores estadounidenses como las industrias locales quedarán desplazados del mercado. Un punto de partida fundamental sería que Estados Unidos se implicara más activamente en el área de libre comercio continental.
Washington debe acertar en este empeño, ya que quien contribuya a definir las reglas del bloque tendrá un poder considerable para determinar quién podrá vender en ese mercado. China ya se ha movilizado para asumir ese papel: se ha posicionado como uno de los principales socios técnicos de África y está asesorando al bloque en cuestiones relativas a los derechos de propiedad intelectual, la inversión, la política de competencia y las normas sobre comercio digital. Estados Unidos también debería incorporar a sus propios asesores a estas negociaciones técnicas. El Departamento de Estado estadounidense debería utilizar el recién anunciado Programa Estratégico de Inversión Estados Unidos-África para financiar esta iniciativa lo antes posible.
Sin embargo, nada de esto funcionará si la reestructuración de la deuda no se desvincula de la dependencia persistente de una financiación opaca de infraestructuras vinculada a China. Los ministros de Finanzas africanos necesitan proveedores de crédito alternativos y mecanismos de refinanciación que no estén condicionados al compromiso de utilizar contratistas y equipos chinos. Uno de los problemas es que la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (DFC), la principal institución estadounidense de financiación del desarrollo, se ha concentrado de manera tan estrecha en los minerales críticos y la seguridad nacional que está desaprovechando oportunidades para promover la seguridad económica de Estados Unidos en África a largo plazo.
La Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos necesita contar con un mandato y unas competencias que le permitan innovar: diseñar nuevos instrumentos capaces de atraer, a una escala significativa, el capital estadounidense pasivo que busca rentabilidad hacia las infraestructuras africanas. Solo los fondos de inversión estadounidenses y los fondos cotizados en bolsa (ETF) contaban con aproximadamente 45 billones de dólares en activos; incluso una fracción muy pequeña de ese enorme fondo de capital bastaría para cerrar la brecha de financiación de infraestructuras de África. Con una dirección integrada por profesionales experimentados de Wall Street y de los mercados de capitales, la institución se encuentra bien posicionada para tender ese puente, siempre que decida orientar esa experiencia hacia África.
El primer shock chino transformó la política, la economía e incluso la sociedad de Estados Unidos. Las réplicas de aquel shock determinarán el futuro económico de África.
Daniel Swift es analista sénior de economía, finanzas y comercio en el Centro de Poder Económico y Financiero de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), mientras que Cameron Timlin es becario en la misma institución. Swift es un diplomático estadounidense retirado y, más recientemente, se desempeñó como coordinador adjunto de Prosper Africa.
Fuente:https://thehill.com/opinion/international/6017883-china-economic-shock-africa/