El Antisemitismo Como Escudo De Legitimidad

¿Cómo Intenta Israel Encubrir La Represión y Las Críticas?

Las políticas de genocidio, limpieza étnica y ocupación implementadas por Israel en Gaza tras el 7 de octubre de 2023 han suscitado severas críticas a escala global, y amplios sectores de la opinión pública internacional se han posicionado contra el régimen sionista. Desde el Reino Unido hasta Francia, desde Alemania hasta Estados Unidos, las calles y los campus universitarios del mundo occidental han sido escenario de protestas que condenan el genocidio cometido por Israel en Gaza. Sin embargo, Israel y sus aliados han respondido de manera recurrente a estas críticas mediante acusaciones de antisemitismo. Esta práctica pone de manifiesto que el concepto de antisemitismo entendido como hostilidad hacia los judíos está siendo instrumentalizado como un escudo político destinado a invalidar cualquier forma de crítica dirigida contra Israel.

¿Qué Es El Antisemitismo?

El antisemitismo puede definirse, en su forma más simple, como hostilidad o prejuicio contra los judíos. Aunque el término surgió en el siglo XIX, el odio y la discriminación hacia los judíos se manifestaron en múltiples formas desde la Europa medieval. Entre los ejemplos históricos más notorios se encuentran la demonización de los judíos en la Edad Media, los pogromos periódicos (masacres antijudías) y, como punto culminante, la política sistemática de exterminio llevada a cabo por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, conocida como el Holocausto. El antisemitismo se ha nutrido de estereotipos económicos y sociales, teorías conspirativas como la afirmación de que “los judíos controlan el mundo” y diversas formas de fanatismo religioso. En la era contemporánea, el antisemitismo es ampliamente reconocido como una forma de odio que debe ser rechazada y combatida mediante leyes y normas sociales en prácticamente todos los países.

La Instrumentalización Del Antisemitismo Por Parte De Israel

Se observa que los dirigentes políticos israelíes recurren con frecuencia a acusaciones de antisemitismo para desacreditar las críticas dirigidas contra sus políticas, especialmente aquellas relacionadas con el genocidio en Gaza. En este marco estratégico, cuando se cuestionan las políticas de ocupación, limpieza étnica o genocidio ejercidas contra los palestinos en los territorios ocupados, las autoridades israelíes suelen acusar a los críticos de antisemitismo.

Un ejemplo significativo se produjo en 2024, cuando la Corte Penal Internacional (CPI) inició una investigación sobre los ataques contra civiles en Gaza y dictó medidas provisionales. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, calificó esta decisión como “una resolución antisemita que niega el derecho fundamental de un Estado judío a la autodefensa”. De manera similar, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, acusó a la CPI de ser “antisemita de principio a fin”, mientras que la ministra de Transporte, Miri Regev, describió la postura del tribunal como “antisemitismo moderno disfrazado de justicia”. Asimismo, las denuncias que califican las acciones israelíes en Gaza como genocidio han sido rechazadas sistemáticamente por funcionarios israelíes como calumnias antijudías. El entonces ministro de Defensa, Yoav Galant, llegó a describir una iniciativa internacional que planteaba la posibilidad de genocidio en Gaza como “un intento antisemita”.

Como se desprende de estos ejemplos, el gobierno israelí intenta neutralizar incluso las acusaciones más graves en materia de derechos humanos refugiándose tras el concepto de antisemitismo.

Antisionismo y Antisemitismo: Una Confusión Deliberada

Uno de los aspectos más evidentes de esta estrategia consiste en presentar las críticas al sionismo como una forma de hostilidad hacia los judíos. El sionismo es una ideología política que persigue la creación y el mantenimiento de un Estado nación judío en Palestina. Si bien es ampliamente aceptado que no todos los judíos son sionistas ni todos los sionistas son judíos, sigue siendo objeto de debate el grado real de adhesión al sionismo dentro de la sociedad israelí, donde una mayoría significativa ha respaldado las políticas implementadas en Gaza.

Desde la fundación de Israel y la aplicación de políticas sionistas en territorio palestino, el sionismo se ha convertido en una ideología profundamente controvertida. Numerosos académicos, activistas y organizaciones consideran que las políticas israelíes hacia los palestinos constituyen una forma de discriminación estructural y limpieza étnica, y califican el sionismo como una ideología colonial o racializada. De hecho, en amplios sectores de la academia occidental, el proyecto israelí se analiza a través de los marcos conceptuales del colonialismo de asentamiento (settler colonialism) y del apartheid.

Aunque estas críticas al sionismo son esencialmente políticas, los defensores de Israel suelen equipararlas al antisemitismo. Algunos autores afines al discurso oficial han llegado a afirmar que “el antisionismo se ha convertido en la forma más peligrosa y eficaz de antisemitismo de nuestro tiempo”. Esta equiparación fue institucionalizada en 2023, cuando la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución que afirmaba explícitamente que “el antisionismo es antisemitismo”. El objetivo de este discurso es deslegitimar de antemano cualquier crítica que defienda los derechos del pueblo palestino o denuncie las políticas de ocupación y discriminación de Israel. Organizaciones judías como Jewish Voice for Labour han denunciado esta confusión deliberada entre antisionismo y antisemitismo, señalando que se trata de una estrategia destinada a demonizar a los críticos mediante la etiqueta de “antisemitas” y a erosionar la legitimidad del debate público.

La Institucionalización Del Discurso

Los esfuerzos por institucionalizar esta estrategia también resultan evidentes. Israel ha promovido activamente, en foros internacionales, la ampliación de la definición de antisemitismo para incluir determinadas críticas al Estado israelí. En este contexto, la definición de antisemitismo elaborada por la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), que considera antisemita la aplicación de “dobles estándares” a Israel o la negación de su “derecho a existir”, ha generado intensas controversias. El gobierno israelí y sus grupos de presión han impulsado activamente la adopción de esta definición por parte de Estados e instituciones. Sus críticos, en cambio, sostienen que esta ampliación conceptual instrumentaliza el antisemitismo con el fin de restringir la libertad de expresión y censurar críticas legítimas sobre Palestina.

Dimensión Internacional: El Caso De Australia

El uso del antisemitismo como escudo político por parte de Israel tiene repercusiones internacionales. En numerosos países, la lucha contra el antisemitismo se ha convertido en un componente central de las políticas oficiales. En Europa, Estados como Alemania, Francia y el Reino Unido han adoptado una política de tolerancia cero frente al antisemitismo, en gran medida debido a su responsabilidad histórica. Esto ha convertido las protestas pro-palestinas y las críticas a Israel en cuestiones particularmente sensibles.

Un ejemplo ilustrativo se produjo en Australia tras un atentado armado ocurrido el 14 de diciembre de 2025 en Bondi Beach, Sídney, durante una celebración de Janucá, en el que murieron quince personas. Las autoridades australianas calificaron el ataque como un acto terrorista antisemita y expresaron su solidaridad con la comunidad judía. No obstante, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intentó vincular este atentado con la decisión previa del gobierno australiano de reconocer al Estado palestino, sugiriendo que dicha medida había “preparado el terreno” para el ataque. Asimismo, acusó al gobierno australiano de no hacer lo suficiente para combatir el antisemitismo.

El primer ministro australiano, Anthony Albanese, rechazó categóricamente estas afirmaciones y subrayó la necesidad de distinguir claramente entre el antisemitismo y las críticas legítimas a las políticas del gobierno israelí. Albanese sostuvo que las personas deben poder expresar libremente sus opiniones sobre acontecimientos internacionales y que la línea solo se cruza cuando alguien es atacado o culpabilizado por el mero hecho de ser judío.

Conclusión

En suma, el uso del antisemitismo como escudo político por parte de Israel se ha transformado en una estrategia discursiva sistemática destinada a sofocar las críticas legítimas contra las graves violaciones de derechos humanos cometidas en Gaza. Esta práctica no solo restringe la libertad de expresión, sino que también trivializa y erosiona la fuerza moral e histórica del concepto de antisemitismo, debilitando la lucha genuina contra el odio antijudío. Aunque esta estrategia puede resultar eficaz a corto plazo para neutralizar críticas, a largo plazo socava tanto la credibilidad del combate contra el antisemitismo como los principios fundamentales de la libertad de expresión.