Después De La Cumbre Entre Estados Unidos y China
La cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump tuvo lugar el 14 de mayo. Los medios de comunicación se centraron en que la reunión produjo pocos resultados concretos y, especialmente, en que Xi insistió en la reincorporación de Taiwán a China como parte inseparable del país. Ambas afirmaciones son ciertas, pero los aspectos más importantes y que muchos medios minimizaron fueron que la cumbre realmente se celebró y lo que allí se dijo. Este es uno de esos raros casos en los que las palabras pueden tener una enorme importancia geopolítica. En general, las cumbres no son lugares donde se cierran acuerdos detallados. Esto es particularmente cierto en el caso de la reunión de la semana pasada, ya que involucró a dos grandes potencias que han mantenido relaciones hostiles durante 77 años. Este tipo de encuentros son espacios donde los países y sus líderes alcanzan entendimientos de principio, dejando los detalles para negociaciones posteriores.
La declaración más importante provino de Xi. Xi afirmó:
“Señor Presidente Donald J. Trump, señoras y señores, amigos, al mirar la historia de las relaciones entre China y Estados Unidos, la clave para que esta relación avance de manera estable radica en si podemos garantizar el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación de beneficio mutuo. El mundo atraviesa hoy una etapa de cambios y turbulencias. Las relaciones entre China y Estados Unidos afectan al bienestar de más de 1.700 millones de personas y repercuten en los intereses de más de 8.000 millones en el planeta. Ambas partes deben asumir esta responsabilidad histórica y guiar el barco de las relaciones chino-estadounidenses de manera firme y en la dirección correcta.”
La razón por la que tomo esta declaración seriamente es que representa, en muchos sentidos, un rechazo de los principios rectores vigentes desde que el comunismo tomó el poder en China: la idea de que el capitalismo inevitablemente fracasaría y de que el comunismo terminaría triunfando a escala global. Según Mao Zedong, esa victoria llegaría mediante revoluciones como ocurrió en China con la ayuda o participación de naciones que ya hubieran realizado la revolución proletaria mundial. En China, este ideal es un elemento tan fundamental como la Declaración de Independencia en Estados Unidos. Se enseña en todas las escuelas como un principio moral y, aunque haya existido desviaciones vergonzosas, sigue siendo respetado como una verdad histórica y ética. Esto implicaba que, en principio, la China comunista y el Estados Unidos capitalista serían siempre enemigos. Incluso la Unión Soviética, pese a aliarse con Estados Unidos y Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, jamás abandonó completamente este principio.
Por ello, el discurso de Xi representó, tanto en tono como en contenido, un alejamiento de los principios sobre los cuales se construyó la China maoísta. Aún más importante es a quién iba dirigido ese mensaje. No me refiero a Trump, sino a la nación china que escuchó o leyó íntegramente el discurso. China comenzó a apartarse de sus principios fundamentales hacia finales del siglo XX. Hoy ya no es una democracia liberal, pero tampoco un Estado comunista en el sentido clásico; es claramente un Estado capitalista cuya economía se basa en la iniciativa privada, promovida y parcialmente orientada por el gobierno y sus políticas.
En otras palabras, la igualdad incluso en la pobreza dejó hace décadas de ser un principio esencial en China, y la hostilidad hacia los países capitalistas se ha ido reduciendo con el tiempo. Como el propio Xi reconoció en el pasado, la transformación económica china se sustentó en el sector privado, pero también en las exportaciones, especialmente hacia Estados Unidos. Las exportaciones eran vitales porque, mientras la producción china crecía rápidamente, la enorme población del país no era lo suficientemente rica como para consumir todo lo que producía. Estados Unidos fue esencial para el crecimiento económico chino y sigue siéndolo hoy. Y, sin embargo, aunque el sistema capitalista emergente de China se beneficiaba del consumismo estadounidense, Pekín nunca abandonó completamente su postura de hostilidad militar hacia Washington.
En su discurso, Xi mencionó a Tucídides, el antiguo pensador geopolítico griego que afirmaba que cuando una potencia dominante se enfrenta a una potencia emergente, el resultado inevitable es la guerra. Xi dijo esperar que ese no fuera el caso entre China y Estados Unidos y expresó su deseo de encontrar un camino de cooperación. Esto podría ser simplemente una forma de ocultar sus verdaderas intenciones; China no tiene nada que ganar de una guerra con Estados Unidos y sí muchísimo que perder. Encuentro significativo que Xi mencionara a Tucídides y no a Marx, Lenin o Mao. La ideología estaba ausente. En su lugar apareció la necesidad geopolítica. El pueblo chino escuchó con claridad esa necesidad: China necesita acceso a la economía estadounidense, y Xi parece creer que Estados Unidos también necesita de China.
Posteriormente, Xi reiteró, por supuesto, que Taiwán debe pertenecer a China. Esto era, en parte, una señal dirigida al pueblo chino para demostrar que su gobierno sigue siendo fuerte y no actúa desde una posición de debilidad. Al plantear esta exigencia, Xi dejó claro que cualquier acuerdo debía darse entre iguales. Lo que no explicó fue si China necesita más a Taiwán o si necesita más las exportaciones y la cooperación con las industrias estadounidenses. Sin embargo, Trump trató de seducirlo y, como mostró la delegación empresarial que llevó consigo a Pekín, dejó claras sus propias prioridades. El efecto más importante de esa demanda es que una proporción creciente y probablemente mayoritaria de ciudadanos taiwaneses parece dispuesta a aceptar que Taiwán forme parte de China, siempre que conserve una amplia autonomía económica. China necesita más a Estados Unidos como comprador de exportaciones que a Taiwán, pero también es evidente que Trump podría mostrarse favorable a algún tipo de reunificación o, al menos, permitir que los taiwaneses decidan su propio futuro.
En definitiva, la posibilidad de cooperación económica con Estados Unidos solo podía materializarse mediante un acuerdo geopolítico. Considerando la visita que el presidente ruso Vladímir Putin realizará esta semana para reunirse con Xi y la disposición de Xi a recibirlo, Pekín intenta transmitir la idea de que China también tiene otras opciones. Sin embargo, en realidad, para Xi la posibilidad de alinearse con Estados Unidos resulta mucho más atractiva que profundizar su relación con Rusia. Como herramienta de negociación esto tiene sentido, pero en las negociaciones la necesidad está por encima de todo.
China no ha dado pasos significativos para ayudar a Rusia en Ucrania. De hecho, después de la cumbre entre Estados Unidos y China, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, declaró que China y Estados Unidos apoyan el fin de la guerra en Ucrania lo antes posible y están preparados para desempeñar un “papel constructivo” en un eventual acuerdo de paz. Los chinos también expresaron su deseo de poner fin a la guerra con Irán, reabrir el estrecho de Ormuz y las rutas marítimas comerciales, y fomentar la cooperación entre las grandes potencias en lugar de la confrontación. Todo ello podría indicar una voluntad de cooperación con Estados Unidos sobre esta base general, dejando los detalles para negociaciones posteriores. Sin duda seguirán existiendo desacuerdos entre China y Estados Unidos, pero probablemente no serán lo suficientemente profundos como para convertir a ambos países en enemigos irreconciliables.
Fuente:https://geopoliticalfutures.com/after-the-u-s-china-summit/