Cómo Ve Azerbaiyán La Guerra Con Irán
Irán amenaza los esfuerzos de este país del Cáucaso por fortalecer los vínculos energéticos y comerciales entre Europa y Asia Central.
La semana pasada, después de que dos drones iraníes impactaran el exclave azerbaiyano de Najicheván, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, exigió a Teherán que presentara una disculpa y castigara a los responsables. Aliyev advirtió que, si la demanda era rechazada, respondería con el “puño de hierro”, y ordenó a las fuerzas armadas preparar medidas de represalia.
La Casa Blanca condenó rápidamente los ataques y declaró:
“Los ataques contra el territorio de nuestros socios en la región son inaceptables y serán respondidos con el firme apoyo de Estados Unidos a esos socios”.
La palabra clave en esta declaración es “socios”.
Durante años, Washington había evitado utilizar ese tipo de lenguaje al referirse a Bakú. El cambio en esta caracterización no es casual y refleja una alineación estratégica que va más allá de la crisis inmediata. Estados Unidos está diseñando un nuevo mapa estratégico que traza una línea desde Asia Central, a través del Cáucaso, hasta Europa, y Azerbaiyán se sitúa en el centro de ese mapa.
La razón es esencialmente geográfica. Azerbaiyán es el único país que comparte frontera tanto con Rusia como con Irán. Cualquier corredor terrestre que pretenda conectar Europa con Asia Oriental evitando el control de Moscú o Teherán debe atravesar el Cáucaso Sur y pasar por territorio azerbaiyano. En un mundo cada vez más moldeado por la competencia estratégica entre Estados Unidos y sus aliados, por un lado, y China, Rusia e Irán, por otro, estas tierras podrían resultar decisivas para determinar quién prevalece.
Cuando el presidente Donald Trump anunció la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP) un corredor de tránsito propuesto que conectaría el territorio continental de Azerbaiyán con el exclave de Najicheván y, desde allí, con Turquía y Europa— convirtió esta realidad geográfica en una oportunidad estratégica. Surgida por primera vez el año pasado en el contexto del proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán, la iniciativa TRIPP permitiría transportar recursos energéticos, minerales críticos y mercancías comerciales hacia Occidente a través de un corredor que evita tanto Rusia como Irán.
Desde la perspectiva de Washington, la ventaja estratégica es clara: crear una ruta fiable este-oeste que conecte la cuenca del Caspio con los mercados europeos, al tiempo que fortalece los vínculos económicos en una región que durante mucho tiempo ha estado dominada por los rivales geopolíticos de Estados Unidos.
El potencial va mucho más allá de un solo corredor. El país ya funciona como puerta de entrada para la energía del Caspio que fluye hacia Occidente. Parte del petróleo extraído en los gigantescos campos de Tengiz y Kashagan en Kazajistán cruza el mar Caspio hasta Bakú y posteriormente se transporta al Mediterráneo a través del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, desde donde llega a los mercados globales, incluido Israel.
Más allá del Caspio existe una oportunidad aún mayor. Turkmenistán posee las cuartas mayores reservas de gas natural del mundo. Un gasoducto que conectara Turkmenistán con Azerbaiyán y, desde allí, con el Corredor Sur de Gas hacia Europa, permitiría que el gas de Asia Central llegara a los mercados europeos sin pasar por territorio ruso.
Un desarrollo de este tipo podría reducir significativamente la dependencia energética de Europa respecto a Rusia. En este contexto, el intento de Irán la semana pasada de atacar el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan adquiere un significado particular. La posición central de Azerbaiyán le otorga la capacidad de excluir a determinados actores de rutas estratégicas clave. El corredor trans-caspiano debilitaría el dominio de Rusia sobre las rutas energéticas euroasiáticas y eliminaría gran parte de la influencia que Irán aún mantiene sobre el tránsito regional.
Desde esta perspectiva, el ataque iraní contra Najicheván forma parte de un intento más amplio de sabotar los proyectos de infraestructura que están empezando a tomar forma en la región. Este movimiento encaja con la estrategia de guerra más amplia de Teherán, orientada a elevar el coste del alineamiento regional que se está formando en su contra. Incapaz de competir con sus rivales en términos económicos o tecnológicos, Irán intenta interrumpir las arterias del comercio global.
El propio Najicheván ha adquirido una importancia estratégica inesperada. Con las rutas del norte cerradas debido a la guerra en Ucrania y las opciones del sur restringidas por Irán, el tráfico aéreo este-oeste entre Europa y Asia se ha concentrado en un estrecho corredor que atraviesa Najicheván y el espacio aéreo adyacente. En la práctica, este pequeño exclave se ha convertido en un cuello de botella del sistema global de aviación, una especie de equivalente aéreo del estrecho de Ormuz.
El peso estratégico de Bakú va más allá de las rutas de tránsito. La mayor minoría étnica de Irán son los azerbaiyanos, que según algunas estimaciones representan casi un tercio de la población del país. A diferencia de muchas otras minorías iraníes, esta comunidad está profundamente integrada en la vida política y económica del país. Los azerbaiyanos étnicos ocupan altos cargos en instituciones religiosas, en el ejército y en la burocracia estatal; incluso el actual líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, es de origen azerbaiyano. En lugar de existir en los márgenes del Estado, están insertos en el corazón mismo de sus estructuras de poder.
Ningún país vecino posee dentro de Irán vínculos culturales tan fuertes, cercanía geográfica o influencia política como Azerbaiyán. Si Irán entrara en un proceso prolongado de transición política tras la guerra, Bakú podría desempeñar un papel importante en la estabilización de las regiones del norte de Irán, en la gestión del comercio transfronterizo y en facilitar la reintegración de Irán en las redes comerciales regionales en la etapa de posguerra.
Ese es el significado más profundo detrás del uso por parte de Washington de la palabra “socio”. Mantener esta asociación requerirá compromiso diplomático e inversión continua en corredores estratégicos. En esta región, la retórica suele ponerse a prueba con rapidez.
Natalie Arbatman es investigadora en el Centro para la Paz y la Seguridad en Oriente Medio del Hudson Institute. Es licenciada en Economía por la Universidad George Washington y habla ruso con fluidez.
Fuente:https://nationalinterest.org/blog/silk-road-rivalries/how-azerbaijan-views-the-iran-war