¿Cómo Utilizan Los Medios Corporativos El Islam Como Un Arma En La Cobertura Del “Terrorismo”?

Enmarcar el miedo:

Cuando un atacante armado abre fuego en un lugar concurrido o un vehículo embiste a los peatones en Berlín, Nueva York o Londres, el reflejo lingüístico de los grandes medios corporativos occidentales es rápido y predecible. Si el autor posee un nombre o un origen árabe o musulmán, los medios recurren inmediatamente a expresiones como «terrorismo islámico», «extremista radical» o «complot yihadista». La fe pasa a convertirse, de manera casi automática, en el principal marco interpretativo de un acto ilícito.

En cambio, cuando actos similares de violencia masiva, derramamiento de sangre interno o asesinatos motivados ideológicamente son perpetrados por individuos que se identifican con el cristianismo, el judaísmo u otras grandes tradiciones occidentales, la terminología cambia de forma llamativa. Con frecuencia se les describe como «lobos solitarios», «jóvenes con problemas», personas «con trastornos mentales» o individuos impulsados por agravios personales. Sus textos sagrados, sus creencias o las instituciones religiosas a las que pertenecen rara vez o nunca son presentados como semilleros del terrorismo.

Esta desigualdad no es el resultado del periodismo imparcial ni del discurso académico. Constituye, más bien, un doble rasero profundamente institucionalizado, moldeado por la política global, los prejuicios sistemáticos y antiguas concepciones sobre el valor diferencial de las vidas humanas.

En el núcleo de este desequilibrio la alterización de unos grupos frente a otros se encuentra la manera en que las redacciones, los espacios educativos y los sistemas políticos construyen y manipulan la noción misma de «amenaza».

Desde hace décadas, los ecosistemas mediáticos occidentales operan dentro de una cosmovisión configurada por el periodo posterior a la Guerra Fría y acelerada exponencialmente tras el 11 de septiembre con la denominada «Guerra contra el Terror». En este marco, la violencia cometida por un musulmán rara vez es presentada como un delito localizado; por el contrario, se reconfigura como un síntoma de un supuesto choque monolítico de civilizaciones.

Cuando un musulmán comete un delito, el hecho no se presenta como el acto excepcional de un individuo. Por el contrario, su religión es retratada como una ideología contagiosa y como la manifestación de una amenaza demográfica más amplia. De forma sistemática, el autor es vinculado a una red global, a una ideología o a un marco teológico, difamando así a una religión y, en esencia, estigmatizando a más de dos mil millones de sus fieles.

En contraste, cuando una persona blanca, cristiana o perteneciente al grupo mayoritario occidental comete un acto ilegal ya sea impulsado por el supremacismo racial, el extremismo antiabortista o el fundamentalismo cristiano, los medios rara vez, o nunca, relacionan su conducta con la comunidad religiosa a la que pertenece. Los autores cristianos o judíos quedan exentos de una culpabilidad colectiva. Sus acciones se atribuyen a enfermedades mentales, al aislamiento o a crisis personales, preservando así la inocencia moral del grupo religioso en su conjunto.

En esencia, la negativa a calificar los delitos cometidos por cristianos o judíos como terrorismo religioso responde al privilegio del individualismo. Los seguidores de estas confesiones son percibidos como individuos complejos porque, histórica y culturalmente, se encuentran entrelazados con las estructuras dominantes del poder occidental. Los musulmanes, por el contrario, son privados sistemáticamente de esa complejidad individual. Son reducidos a una identidad política homogénea, en la que cada una de sus acciones es examinada a través de un prisma de seguridad.

La evidencia empírica desmiente de manera consistente los supuestos sobre los que descansa este tipo de cobertura sesgada. Los análisis estadísticos sobre el terrorismo, tanto a escala nacional como internacional, ponen de manifiesto una contradicción profunda entre la realidad de los datos y el modo en que los medios construyen sus marcos interpretativos.

Los estudios sobre la violencia ideológica en los países occidentales han demostrado de manera consistente que los actores no musulmanes, especialmente los extremistas de ultraderecha y los supremacistas blancos, constituyen una de las principales fuentes del terrorismo y de los actos de violencia.

Las investigaciones realizadas por instituciones como The Institute for Social Policy and Understanding (ISPU), así como diversos análisis académicos de contenido, muestran que los actos de violencia cometidos por autores percibidos como musulmanes reciben una cobertura mediática significativamente mayor que los perpetrados por personas no musulmanas de características similares, en muchos casos cientos de veces superior.

Al magnificar los ataques cometidos por musulmanes mientras minimizan o fragmentan la violencia perpetrada por otros, los medios de comunicación distorsionan la realidad. Este ciclo autorreforzado alimenta la ansiedad pública, instrumentaliza la islamofobia e influye de manera directa tanto en la política interior como en la política exterior. Asimismo, contribuye a normalizar la violencia contra los musulmanes y a legitimar la vigilancia masiva, la legislación discriminatoria, las intervenciones militares y las guerras en países de mayoría musulmana.

La aplicación selectiva del término «terrorismo» constituye un poderoso instrumento ideológico. Mediante la etiquetación selectiva de determinados delitos, los medios de comunicación y el establishment político determinan quién pertenece al «grupo interno civilizado» y quién queda estigmatizado como miembro del «grupo externo» considerado una amenaza.

Mientras el lenguaje utilizado para informar sobre el crimen y el terrorismo no sea depurado de sus dobles raseros y de los prejuicios racializados que lo atraviesan, la cobertura de la violencia seguirá siendo, más que un reflejo objetivo de la realidad, un instrumento de control cultural y político.

Dr. M. Reza Behnam es politólogo especializado en política comparada, con un enfoque centrado en Asia Occidental.

Fuente:https://www.counterpunch.org/2026/08/05/framing-fear-how-the-corporate-media-weaponizes-islam-in-terror-coverage/