¿Cómo Puede Responder Jordania A La Escalada De Israel En Toda Cisjordania?

La expansión de los asentamientos, los desplazamientos y el creciente control israelí tendrán consecuencias directas para Jordania.

Cada vez resulta más difícil interpretar lo que ocurre en Cisjordania como una mera sucesión de medidas que el Gobierno israelí justifica por razones de seguridad o como parte de operaciones antiterroristas. Consideradas en conjunto, tanto la acumulación de estas medidas como su alcance cada vez mayor apuntan hacia un proceso político y territorial más amplio: un proceso orientado a reconfigurar Cisjordania, crear nuevas realidades sobre el terreno, consolidar el control israelí y avanzar hacia la anexión de facto de extensas zonas del territorio, al tiempo que somete a los palestinos a una presión creciente que los empuja, directa o indirectamente, a abandonar sus tierras.

Informes periodísticos y trabajos de investigación procedentes de fuentes israelíes han documentado la intensificación de este proceso mediante la expansión de los asentamientos, la confiscación de tierras palestinas, las restricciones a la libertad de movimiento de los palestinos, el control de los recursos hídricos y de las tierras de pastoreo, así como mediante operaciones militares y reiterados desplazamientos internos en distintas zonas de Cisjordania.

Considerada de manera aislada, cada una de estas medidas podría parecer una cuestión independiente. Sin embargo, tomadas en su conjunto revelan una transformación mucho más trascendental: el intento de reconfigurar la geografía y la demografía de Cisjordania de tal manera que se debilite la posibilidad de establecer un Estado palestino viable y dotado de continuidad territorial.

Por consiguiente, la cuestión ya no consiste únicamente en determinar qué está ocurriendo en Cisjordania.

La pregunta más urgente es cómo pueden Jordania, los palestinos, el mundo árabe y la comunidad internacional impedir que este proceso se consolide como una realidad permanente.

El Valle del Jordán, en el centro de la ecuación

El Valle del Jordán reviste una importancia particular en este contexto, no solo por su relevancia geográfica y estratégica en materia de seguridad, sino también por su valor agrícola y económico y por los recursos hídricos que representa para el pueblo palestino.

Las informaciones acerca de la construcción de una nueva barrera israelí denominada «Crimson Thread», que se extendería aproximadamente 480 kilómetros —300 millas— desde los Altos del Golán hasta el mar Rojo, requieren un examen riguroso por parte de Jordania, del mundo árabe y de la comunidad internacional, especialmente si un proyecto de esta naturaleza pretende aislar el Valle del Jordán y situar bajo control israelí hasta el 83 % de su superficie total.

Una evolución semejante podría, en la práctica, cortar la conexión entre Cisjordania y Jordania y privar a los palestinos de una de sus principales fuentes de recursos agrícolas e hídricos.

Cuando fronteras, muros, carreteras y asentamientos se combinan con el control de la tierra y del agua, dejan de ser simples elementos de infraestructura física. Se convierten en instrumentos para remodelar la geografía política y demográfica y para debilitar la capacidad de los palestinos de permanecer en su propia tierra.

Es precisamente en este punto donde la cuestión palestina se entrecruza directamente con la seguridad nacional de Jordania.

Jordania se enfrenta a una etapa diferente

Jordania no puede abordar los acontecimientos de Cisjordania como una cuestión que concierne exclusivamente a los palestinos. En el núcleo del problema se encuentran la seguridad nacional jordana, la estabilidad regional y el futuro de la causa palestina.

Cualquier transformación radical de la estructura geográfica o demográfica de Cisjordania tendrá inevitablemente consecuencias directas para Jordania debido a la geografía, la historia y la proximidad. Y si el resultado final fuera un desplazamiento forzoso de la población, semejante escenario equivaldría, como ha afirmado reiterada y explícitamente el rey Abdalá II, a una declaración de guerra contra Jordania.

Por ello, en esta etapa la política jordana debe ser proactiva: ha de anticipar los posibles escenarios y prepararse para ellos en los planos político, diplomático, económico y de seguridad.

Primero: preservar la unidad nacional de Jordania

La primera línea de defensa de Jordania es su unidad nacional.

En esta etapa resulta de vital importancia fortalecer los conceptos de ciudadanía y Estado, consolidar la plena igualdad entre los jordanos y rechazar todo discurso o práctica que genere divisiones basadas en el origen, la región o la ascendencia.

La causa palestina debe seguir siendo una causa nacional, árabe y humana, y no debe permitirse que se convierta en una fuente de fractura dentro de la sociedad jordana.

Combatir los discursos de odio y la incitación, aplicar la ley de manera igualitaria y justa y proteger el tejido social frente a los intentos —procedan del interior o del exterior— de aprovechar las convulsiones regionales para sembrar divisiones entre los jordanos constituye una responsabilidad tanto del Estado como de la sociedad.

Una de las consecuencias más graves que Jordania debe evitar es el traslado del conflicto a su propio espacio interno. Las relaciones entre jordanos de distintos orígenes, incluidos los de origen jordano y palestino, nunca deben convertirse en una frágil línea de fractura susceptible de ser explotada por quienes pretendan fomentar la división, ya sea desde dentro o desde fuera del país.

La unidad nacional, por tanto, no constituye únicamente un valor social: es un elemento inseparable de la arquitectura de seguridad nacional de Jordania.

Segundo: pasar de la diplomacia de protesta a una diplomacia de presión y acción proporcional

Jordania ha acumulado un considerable prestigio internacional y un importante capital diplomático. Sin embargo, la etapa actual exige ampliar los instrumentos de los que dispone el país.

Ya no basta con condenar la expansión de los asentamientos, rechazar la anexión o advertir contra el desplazamiento. Lo que se necesita es un frente diplomático árabe, islámico e internacional capaz de traducir las posiciones políticas en medidas concretas.

Jordania, en coordinación con Palestina y con los países árabes e islámicos, debería trabajar en las siguientes líneas:

  • Movilizar a los países que se oponen a la anexión y a la expansión de los asentamientos.
  • Respaldar las iniciativas jurídicas internacionales.
  • Presionar para que se adopten medidas concretas y sanciones no solo contra los asentamientos, sino también contra las políticas estatales que los hacen posibles y los fomentan.
  • Documentar sistemáticamente las violaciones.
  • Utilizar de manera más estratégica las relaciones políticas y económicas de los países árabes con los Estados influyentes, ampliando la cooperación económica con aquellos que adopten posiciones claras frente a la ocupación israelí y reconsiderando las relaciones con los países que eviten pronunciarse abiertamente ante las políticas israelíes.
  • Construir una coalición internacional capaz de impedir que, mediante el uso de la fuerza, se impongan sobre el terreno hechos consumados irreversibles.

La comparación con la guerra de Rusia en Ucrania resulta instructiva en este sentido. Cuando Rusia ocupó amplias extensiones del territorio ucraniano, las sanciones no se limitaron a los territorios ocupados, sino que fueron impuestas directamente a Rusia. La pregunta, por tanto, es inevitable: ¿por qué debería aplicarse un criterio diferente en otro lugar?

Lo que le falta a la comunidad internacional no son resoluciones ni declaraciones. Lo que falta es convertir la voluntad política en un coste tangible para quienes vulneran el derecho internacional.

Tercero: crear un fondo árabe e islámico para fortalecer la permanencia de los palestinos en su tierra

Si el objetivo es impedir el desplazamiento y garantizar que los palestinos puedan permanecer en sus tierras, el apoyo financiero debe dejar de ser una ayuda temporal vinculada exclusivamente a períodos de crisis y convertirse en una política estratégica sostenible.

Una posibilidad sería establecer un fondo árabe, islámico e internacional con capacidad para financiar proyectos específicos en Cisjordania y Gaza, orientados a fortalecer la capacidad de los palestinos para permanecer en sus tierras y mantener sus medios de vida. Este fondo podría respaldar, entre otros, los siguientes ámbitos:

  • La protección de tierras amenazadas por la confiscación.
  • El apoyo a los agricultores.
  • El desarrollo de los recursos hídricos y de las redes de riego.
  • La asistencia a las familias afectadas.
  • La financiación de proyectos de vivienda en zonas vulnerables.
  • El apoyo a los servicios educativos y sanitarios.
  • El respaldo a municipios y consejos locales.
  • La creación de fuentes alternativas de ingresos para las familias que hayan perdido sus medios de subsistencia como consecuencia de las políticas israelíes.

La capacidad de permanecer en la propia tierra no es únicamente una consigna política. Es una realidad concreta y material.

Cada familia palestina que logra permanecer en su tierra, cada agricultor que continúa cultivando sus campos y cada aldea que conserva el acceso a sus recursos hídricos forman parte del esfuerzo por impedir el desplazamiento.

Cuarto: abordar el Valle del Jordán como una cuestión de seguridad nacional jordana

Jordania debe tratar los acontecimientos en el Valle del Jordán como un expediente estratégico permanente.

Debería establecerse un mecanismo jordano específico encargado de supervisar:

  • La expansión de los asentamientos.
  • La confiscación de tierras.
  • La construcción de carreteras, barreras y muros.
  • Los cambios demográficos.
  • El control de los recursos hídricos.
  • Los movimientos de población y los desplazamientos.
  • Cualquier medida susceptible de alterar permanentemente la situación existente.

Estos acontecimientos deberían documentarse mediante mapas, imágenes por satélite, estadísticas y registros oficiales, de modo que Jordania disponga de un expediente exhaustivo susceptible de ser utilizado política y jurídicamente ante la comunidad internacional.

Las disputas por la tierra no se dirimen únicamente mediante la fuerza. La documentación, la cartografía, el derecho y la capacidad de construir una narrativa rigurosa y sustentada en pruebas acerca de lo que sucede también desempeñan un papel decisivo en la configuración de estas luchas.

Quinto: fortalecer la arquitectura de defensa nacional de Jordania

Reforzar la capacidad de Jordania para proteger su seguridad, sus fronteras y sus intereses nacionales no constituye una opción, sino una necesidad.

Aunque Jordania es un país con recursos limitados, dispone de una considerable acumulación de experiencia humana e institucional. El país puede seguir desarrollando una arquitectura avanzada de defensa nacional, protección civil y gestión de crisis.

Ello podría incluir el fortalecimiento de los programas nacionales de servicio y formación, la mejora de la preparación de la defensa civil, la protección de infraestructuras críticas, el refuerzo de la ciberseguridad y de la seguridad fronteriza, así como el desarrollo de las capacidades de gestión de desastres y emergencias.

Jordania también podría aprovechar la amplia experiencia de su personal militar retirado mediante programas nacionales estructurados y supervisados por las instituciones estatales competentes, reforzando así la preparación general del país en materia de defensa.

La fortaleza que Jordania necesita es capacidad de disuasión, protección y preparación, no el impulso de precipitarse hacia un enfrentamiento insuficientemente meditado.

Sexto: impedir que Jordania se convierta en una «patria alternativa»

Esta cuestión debe permanecer en el centro de los cálculos estratégicos de Jordania.

Cualquier proyecto que, directa o indirectamente, conduzca a la despoblación de Cisjordania o empuje a un gran número de palestinos hacia Jordania no constituye únicamente una cuestión humanitaria. Una evolución de esta naturaleza tendría profundas consecuencias políticas, demográficas y de seguridad para el Reino.

Por consiguiente, la posición de Jordania debe ser clara e inequívoca: la cuestión palestina no puede resolverse a expensas de Jordania; el desplazamiento forzoso no constituye una solución política, y Jordania no es ni puede convertirse en una patria alternativa para el pueblo palestino.

Al mismo tiempo, Jordania debe preservar las dimensiones humanitaria y jurídica de su respuesta ante cualquier situación impuesta por la fuerza. De este modo, la oposición al desplazamiento no debe traducirse en un agravamiento del sufrimiento de la población civil.

*Samir Habashneh es un político jordano y exministro del Interior. Anteriormente ejerció también como ministro de Agricultura y diputado. En la actualidad continúa desempeñando funciones directivas en diversas instituciones académicas y organizaciones de la sociedad civil de Jordania.

Fuente:https://www.aljazeera.com/opinions/2026/10/2/how-can-jordan-respond-to-israels-escalation-across-the-west-bank