¿China: Un Aliado Que Espera La Derrota De Rusia?

Desde los primeros meses de la invasión a gran escala contra Ucrania, Rusia intentó presentar a China como un socio estratégico capaz de respaldarla en el escenario internacional. Sin embargo, Pekín optó por una postura mucho más cautelosa. Aunque las declaraciones chinas sobre la necesidad de negociaciones y de una solución pacífica se repiten con regularidad, estas permanecen en el plano retórico. Pekín evita cuidadosamente dar pasos concretos que podrían transformarlo en un mediador plenamente activo.

Las razones de esta cautela son claras. En primer lugar, China busca preservar la imagen de una potencia global capaz de influir en los conflictos, pero sin asumir responsabilidades sobre sus resultados. En segundo lugar, una intervención directa en el proceso de negociación colocaría a Pekín en una posición incómoda: tendría que definir abiertamente de qué lado está y asumir compromisos muy concretos, que irían más allá de simples declaraciones. En un contexto en el que China profundiza sus vínculos económicos con Rusia mientras mantiene relaciones comerciales con Occidente, semejante claridad sería una desventaja.

De este modo, China se presenta como la “voz de la razón”, pero en la práctica permanece al margen. Su papel en el proceso de paz se limita a discursos que crean la impresión de actividad y a gestos diplomáticos que, sin embargo, no producen resultados reales.

El Apoyo Chino A La Economía De Guerra Rusa

Pese a sus declaraciones de neutralidad, China desempeña un papel importante en el sostenimiento de la economía rusa y de su aparato militar. Tras la entrada en vigor de las sanciones occidentales, Moscú se volvió dependiente de los suministros chinos. Y esto no se limita a bienes de consumo, sino que incluye tecnologías de importancia vital.

A través de empresas chinas, Rusia accede a productos electrónicos, componentes para drones, equipos industriales y otros bienes de doble uso. Estos envíos suelen realizarse a través de terceros países o mediante mecanismos de “comercio gris” apenas visibles, lo que Moscú denomina importaciones paralelas. De este modo, Pekín puede evitar oficialmente reconocer a Rusia como país agresor, mientras al mismo tiempo le permite compensar parte de la presión de las sanciones y continuar la guerra en Ucrania.

El apoyo económico también se manifiesta en el sector energético. China ha incrementado sus compras de petróleo y gas rusos, aprovechando los descuentos que Moscú se ha visto obligado a ofrecer. Esto garantiza ingresos en divisas para Rusia y atenúa el impacto de las restricciones occidentales. Desde la perspectiva china, se trata de una estrategia ventajosa: al asegurar un suministro estable y barato, refuerza su propia seguridad energética.

Así, China actúa como un donante discreto: sus acciones alivian parcialmente la devastación que los enormes gastos militares, la caída de la producción y la escasez catastrófica de mano de obra han provocado en la economía rusa. Aunque este apoyo no se publicita abiertamente, desempeña un papel clave en la capacidad de Moscú para prolongar el conflicto.

Entre La Retórica De La Paz y La Realidad De La Guerra

El papel de China en la guerra de Ucrania también se refleja en su imagen internacional. Por un lado, Pekín intenta presentarse como un actor favorable a la paz, proponiendo “planes de solución” y defendiendo las negociaciones. Por otro, su apoyo de facto a Rusia provoca críticas desde Occidente y refuerza las dudas sobre sus verdaderas intenciones.

Para China, esta situación tiene un doble filo. A escala global, busca consolidar la imagen de un centro de poder alternativo capaz de desafiar a Estados Unidos y a sus aliados. En este marco, el respaldo a Rusia parece formar parte de una estrategia más amplia para construir un mundo multipolar. Sin embargo, esta postura también tiene costos: China corre el riesgo de perder la confianza de países europeos que consideran sus acciones como una forma de complicidad con la agresión rusa.

Además, la manera en que se involucra en el conflicto afecta indirectamente a las expectativas económicas chinas. Empresas e inversores occidentales perciben cada vez más a Pekín como un socio poco fiable, lo que puede traducirse en una reducción de inversiones y de cooperación tecnológica. A largo plazo, esto limita las posibilidades de modernización y crecimiento de China.

Aun así, Pekín continúa manteniendo el equilibrio. No quiere aparecer abiertamente como aliado de Rusia, pero tampoco se suma a las sanciones occidentales. Esta estrategia le permite conservar flexibilidad y utilizar la guerra como una herramienta para reforzar su propia posición en la geopolítica global.

¿Un Aliado Que Espera La Derrota?

Rusia se enfrenta a un creciente descontento interno. Las enormes pérdidas humanas en el frente, la movilización continua aunque parcialmente encubierta de una población aún capaz de empuñar armas y una inflación en rápido ascenso, incluso en los alimentos, actúan como una mecha que podría detonar una explosión social. Sin embargo, este escenario quizá no sea el peor. En varias repúblicas de la Federación están madurando tendencias separatistas, especialmente en el Cáucaso, en Tartaristán y Baskortostán, en Yakutia, en el Lejano Oriente y en Siberia; la región de Kaliningrado ocupa una posición particular.

Para Estados Unidos y Europa, la desintegración de Rusia representa un escenario catastrófico: caos, el riesgo de un uso incontrolado de armas nucleares y peligros ecológicos para todo el mundo. Para China, en cambio, este escenario abre una “ventana de oportunidad”. Surge la posibilidad de una recompensa largamente esperada el retorno de “territorios históricos”, definidos en la historiografía china como un “legado perdido”: el Lejano Oriente y Siberia. En los mapas oficiales chinos, estas tierras aparecen coloreadas como territorio chino. El esfuerzo de Pekín por acceder al océano Ártico mediante la construcción activa de una flota de rompehielos forma parte de esta misma estrategia.

Desde la perspectiva china, el “retorno de la justicia histórica” no se limita a la ganancia territorial. Más importante aún, significa el acceso pleno a los recursos más ricos de estas regiones: petróleo, gas natural, tierras raras, diamantes, platino, recursos forestales y agua dulce. Estos recursos podrían garantizar el crecimiento económico de China durante generaciones y consolidar su estatus como potencia global.

Fuente:https://www.geopoliticalmonitor.com/china-an-ally-waiting-for-russias-defeat/